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Recordando para el 8M


Me vais a permitir que hoy os escriba en femenino y os cuente con anhelo y reivindicación un momento maravilloso que regamos, sembramos y recolectamos hace ya unos años.

El primer 8M después del confinamiento, allá por el 2021, en aquél rincón de tierra de la vecindad de Santo Ángel, un trocito comunitario de suelo y desprovisto de pavimento, nos permitió, entre lechugas, coles y flores plantar corazones violetas, con nombres de mujeres que hicieron historia.

Cada actividad, cada siembra, cada recolección...era un regalo que compartíamos con familias de identidades diferentes con un objetivo común: estar en contacto con el suelo y la biodiversidad que éste nos generaba con poco que interveníamos.

El mejor regalo era compartirlo con nuestras hijas. 

Os dejo aquí el video que hicimos para mostrar nuestra empatía y orgullo hacia ellas. Espero que os guste, a mí me emociona rememorarlo. 

Durante el confinamiento se convirtió en nuestro espacio seguro.

Nos permitió hacer tantos proyectos bonitos que, tal día como hoy, no he podido dejar de recordar y volver a publicar el resultado de instantes que nos hicieron vibrar.

Pero, como todo en la vida terminó. No porque nosotras quisiéramos (ahora viene la reivindicación) sino porque fuimos acosadas, prácticamente desde el inicio, por los hombres "parcelarios" que compartían nuestro rincón a ambos lados y anchos de aquel espacio cedido por el Ayuntamiento de Murcia como “Huertos de Ocio de Santo Ángel”. Espaldas plateadas a los que molestábamos con nuestras prácticas hortelanas, con nuestras niñas (ellas siempre eran las causantes de que se rompieran las mangueras, de que se ensuciara el suelo, de que desaparecieran cosas o pisotearan “sus” cultivos.

Obviamente, nada de esto era cierto.

Pero pese a todo lo mal que nos lo hicieron pasar, hoy recuerdo solo la miel de tantos momentos dulces.

Y seguro que llegado a este punto, si me sigues leyendo, quieres saber qué pasó...

Pues que los “jubiladitos” (aquí obviamente sin femenino) consiguieron echarnos de una forma sibilina y lenta, consumiendo nuestro entusiasmo para sacarle tiempo a la rutina y construir proyectos con nuestras pequeñas en este espacio verde público.

Durante meses la Consejería de Medio Ambiente que gestiona este lugar, nos fueron dando varios avisos: que teníamos a los abuelos enfadados, que nuestras flores melíferas y auxiliares para atraer fauna beneficiosa para la lucha biológica les llenaban de plagas sus cultivos y que las niñas entraban en sus huertos, les cogían verduras y dañaban las plantas. Y siguieron a pesar de verificar en todo momento que no era cierto: Que no plantábamos nada, que solo teníamos un jardín y que habían muchos “amigos” de ellos, los señores mayores, que querían un huerto y no podían porque lo teníamos nosotras.

Aquí permitirme aclararos que éramos una asociación de Educación Ambiental y de comunidad de vecinos, constituida así para conseguir aquel trocito de suelo libre de asfalto de la forma más transparente y responsable posible.

Alguno de estos señores vivían justo en las inmediaciones y desde sus ventanas se asomaban con todo el descaro para ver qué hacíamos, en muchas ocasiones también se agrupaban en el huerto para mostrar su rechazo por nuestra actividad, hablando en alto y mal de todas nosotras y, lo peor y lo que nos animó a aceptar la invitación a marcharnos por parte del Ayuntamiento fue que se creían con el derecho de hablarles a nuestras hijas de qué podían o no hacer, de cuestionarles sus buenas intenciones o de acusarles, con nosotras siempre delante, de romper cultivos o gastar mucha agua o hacer mucho ruido, todo molestaba.

Hoy la que fue nuestra parcela, nuestro rincón de hadas, está cedida a aquel hombre que se asomaba a la ventana, donde cultiva como si fuese a vender lo que cultiva y donde sigue, escrupulosamente, las malas prácticas que incluso la Consejería prohibe como condición para poder participar en estos huertos: herbicidas, abonos químicos... y todo con las puertas siempre cerradas a cualquiera que quiera tener contacto con estos espacios que se han convertido en espacios machistas, insostenibles y privados.

Una valla de más de tres metros rodea al huerto, como si de una parcela carcelaria se tratara y los vasallos vigilan las puertas, cuidado si entras, palabras malsonantes resonarán si eres osada, alternativa o simplemente una mujer con espíritu y conciencia ambiental.


Ahí lo dejo y acompaño también con esto este video...ya que, después de nosotras, consiguieron echar a la única mujer que quedaba y que estaba desde el principio, una mujer jubilada, con una cultura y sensibilidad que más quisiéramos que algo de ella se le hubiesen contagiado.


Algo seguro habrá quedado. Pero también queda muchísimo por cambiar y sino lo hacemos entre todas y todos, no conseguiremos un espacio de igualdad y respeto.

La visibilidad es una ventana abierta a la reflexión y al cambio.


Y para finalizar con buen sabor de boca, os comparto un video que hice como preámbulo de un video-taller que me encargaron, desde la propia Consejería, incongruencias de la vida.

Va por todas vosotras y por mi niña linda.

Feliz 8M y mucha fuerza compañeras

 
 
 

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Después de releer y hablar con una amiga, tengo que decir que hubieron dos personas, de las que he metido en el mismo saco de espaldas plateadas que no merecen esta etiqueta sino todo lo contrario, dos compañeros en masculino de huerto, cuyas parcelas abrían a nuestras peques, nos regalaban fresas y plantones y nos defendieron y ayudaron siempre, ahora son amigos y sin nómbralos para cuidarlos darles las gracias siempre por su apoyo, por su humildad y por su sabiduría hortelana compartida en esos años. Gracias mis hortelanos bellos, de corazón.

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