Un día de la mujer para reflexionar
- Mar Zamora

- 8 mar 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 mar 2025
Estamos ante un panorama dantesco, en el que diversas crisis nos han tocado vivir de forma continua y concentrada en escasos meses. La actualidad se hace irreversiblemente destructora. Nos toca lidiar más que nunca por el presente y futuro que dejamos a nuestras hijas e hijos.
La globalización nos golpea con fuerza. El efecto mariposa se refleja en cada acto que hacemos. El consumo se revela. Las energías se presentan como lujos inalcanzables, el derecho a la vivienda, simplemente, no existe. La inmadurez política, la ausencia de responsabilidad y de competencia profesional de quienes nos lideran, las guerras que vaticinan una tercera por la perversión económica y social de los imbéciles embutidos en americanas orteras, mostrándonos lo peligroso de haber sucumbido a lo global sin tener en cuenta el valor local y cultural.
Ante mi preocupación y ganas imperantes de ayudar, no puedo dejar de sentirme egoísta e hipócrita. Solo la especie humana reconoce como humano a su semejante, al menos así me siento cuando pienso que también están muriendo niñas, niños, abuelos, personas, y no solo en una franja del mundo, sino en muchos otros países como el Congo, donde la muerte persigue a 5,4 millones, donde las bombas son el hambre o enfermedades prevenibles y curables. Somos muchos, eso está claro, nuestra demografía nos empuja a competir por los recursos, de la forma más inhumana, visceral y animal en la que ni los pequeños desplazados, desprovistos de casa, tierra y madres, tienen derecho a refugio. Ni los Leones amenazan así a su especie, ni los Lobos abandonan así a sus manadas.
Y lejos no nos queda, solo hay que preguntarse cómo puede haberse convertido el Mediterráneo en la más colosal fosa común consentida por demócratas activos de Objetivos de Desarrollo. Solo este hecho nos convierte en los mayores hipócritas.
Y no puedo hoy más que pensar en esas mujeres que huyen, que alzan con sus manos rasgadas su bebé sobre concertinas vecinas, que los dejan caer en "tierras raras"por ser mejor que sostenerlos en sus brazos, que esconden mutilaciones y obligaciones patrialcales no consentidas. Que son vendidas por media docena de corderos, que obedecen aún sabiendo que mueren. Torturas que no escapan a la mirada de nadie pero que no somos capaces de leer en las etiquetas de nuestro consumo.
Hoy me pongo en la piel de esas embarazadas que agonizan en lugares infrahumanos.
Hoy me pongo en la piel de esas mujeres silenciadas que vencen el miedo y cogen las armas sin ser nombradas.
En las que se quedan para cuidar.
En las que huyen para cuidar.
Hoy me pongo en la piel de esas mujeres que descubren y las excluyen.
Hoy me pongo en la piel del vientre, del miedo, de la angustia y del sueño.
Y me pregunto:
¿Sería un mundo más humano si una mujer hubiese atendido las necesidades de un dirigente que ve morir a su pueblo y necesita ayuda?
Sin duda.
Esta mañana he puesto el corazón violeta en el pelo de mi hija, he cerrado los ojos y le he dado un gran abrazo desde esa piel y he soñado que la veía en el futuro, donde ya no harían falta lazos para demostrar la falta de feminismo en la sociedad, donde la valentía de todas las mujeres que habito se reflejaban en una sociedad amable y justa para ella.
Me ha gustado el abrazo.
En este día deseo que os abracéis con fuerza y que podamos visualizar un futuro más humano.
Feliz día de la Mujer




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